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 • Camino Portugués
 
Etapa: PONTEVEDRA - PADRÓN

    El Camino abandona Pontevedra por la rúa da Santiña. Dejando a la derecha del trazado un reposado castañal, la ruta discurre paralela a la vía del ferrocarril hasta el lugar de Pontecabras, prosiguiendo rumbo al norte hasta alcanzar, entre pinos y eucaliptos, la iglesia y rectoral de Santa María de Alba. De aquí el Camino sigue hacia Goxilde, lugar donde hizo un alto Diego Gelmírez en su camino de Braga a Compostela. Pasada la capilla de San Caetano, esperan los profundos bosques de Reins y Lombo da Maceira. Desde San Mauro se continúa por San Mamede da Portela y Ponte Valbón, pasando ante el Cruceiro de Amonisa, en cuyo fuste Santiago Peregrino indica el Camino a sus romeros.

   A partir de Ponte Valbón, hasta la capilla de Santa Lucía, en Briallos, la ruta transcurre muy placida, aunque es preciso atender a la señalización, debido a las encrucijadas y continuos serpenteos que ofrece la ruta. Hay que destacar en este trayecto la pequeña iglesia de San Martín de Agudelo, en Barro, de principios del siglo XIII. El templo muestra hasta dónde llegó, en el medio rural, la influencia del taller del Maestro Mateo. Los ecos de su arte aparecen en las arquivoltas de medio punto de su portada, decoradas con temática vegetal heredera del Pórtico de la Gloria. En el tímpano hay labrada la imagen de un personaje con báculo y en actitud de bendecir (posiblemente San Martín obispo).

   El hermoso núcleo de Tibo, con buena fuente, da paso a Caldas de Reis, la Aquae Celenis del Itinerario de Antonino, bañada por los ríos Umia y Bermana. Destaca la iglesia de Santa María de Caldas, construcción de sólidos sillares, de principios del siglo XIII. En su portada se aprecia la influencia del taller del Maestro Mateo: el Agnus Dei del tímpano esta enmarcado por arquivoltas de medio punto, con baquetón ornado por arquitos y por Ángeles portando libros.

   En el casco antiguo de la villa se encuentra la iglesia de Santo Tomás Becket, único templo gallego dedicado al santo arzobispo de Canterbury y gran canciller de Inglaterra (1118-70), asesinado en el interior de su catedral, al pie de uno de los altares, por cortesanos del rey Enrique II de Inglaterra. Tomás Becket fue en peregrinación a Santiago hacia 1167, haciendo un alto en la villa de Caldas. La iglesia bajo su advocación fue construida entre 1890-94 con las piedras de la torre medieval de la reina Doña Urraca, donde había nacido el rey Alfonso VII de Castilla y León.

   El puente sobre el Umia acerca al peregrino a la fuente de aguas termales que dan nombre a la villa desde época romana. Se sigue la rúa Real, se cruza el Puente Bermana, pieza medieval de enorme encanto, y se alcanza el valle del río Bermana, rodeado por bosques centenarios. En las afueras de Caldas puede visitarse la interesante iglesia románica de Santa María de Bemil.

   El Camino inicia un suave ascenso para Ilegar al conjunto de Santa Mariña de Carracedo, compuesto por iglesia, casa rectoral y hórreo. Después continúa por los lugares de Casal de Eirixio y O Pino, y penetra en bosques profundos que discurren, entre rumor de aguas, próximos a antiguos molinos (San Gago, A Insua, Nabal...).

   A la altura del molino de Solleiros, el Camino gira suavemente hasta Ilegar a San Miguel de Valga.

   Dejando al este los lugares de Pedreira y Cimadevila, la ruta deja atrás Valga y atraviesa las aldeas de Cabaleiro y Fontenlo para Ilegar, entre un mar de pinos, a Condide. Después sigue por Couto y gira en Carreiras en dirección a un bello cruceiro que tiene grabada la fecha de 1797.

   Pronto se alcanza Infesta, en Cesures. Por la rúa dos Coengos, la iglesia románica de San Xulián de Requeixo indica que esta próximo el puente de Cesures -Caesarobriga o Caesarobrix-, obra de origen romano, con restos del siglo XII, muy reconstruida y restaurada en sus dos mil años de historia.

   Pasado el puente, la ruta continúa hacia Padrón, siguiendo un trecho por la carretera N-550. En el otro margen del río, el Camino Portugués conduce a la celebre villa donde recaló la nave que condujo el cuerpo de Santiago el Mayor desde Jaffa (Palestina).

   La Iglesia de Santiago de Padrón, de austero neoclasicismo, guarda testimonios de los templos precedentes, una inscripción de tiempos de Gelmírez, patrocinador de la iglesia románica, y un púlpito gótico, con la imagen de Santiago Peregrino, perteneciente a la iglesia del siglo XV que mandó construir el arzobispo Lope de Mendoza. Estos templos medievales, vencidos por el paso del tiempo, ya guardaban en su presbiterio la pieza más jacobea de la villa: el Pedrón, interpretada como ara romana dedicada a Neptuno y en la cual, según la tradición, se amarro la Barca de Pedra que había transportado el cuerpo del Apóstol y a sus dos discípulos Teodoro y Atanasio. En la Alta Edad Media se use el Pedrón como base del ara de altar de la primitiva iglesia dedicada a Santiago, levantada por el obispo Teodomiro en el siglo IX.

   En su cadencioso discurrir el Camino emplea varias de las principales calles de Padrón, mostrándole al peregrino su patrimonio histórico. Uno de los edificios más notables es el convento del Carmen, construido entre 1717-57 sobre un promontorio, al otro lado del Sar, bajo dirección del carmelita descalzo fray Pedro de la Madre de Dios. A sus pies esta la fuente del Carmen, en cuyo frente se labró la escena de la traslación del cuerpo del Apóstol de Jaffa a Iria Flavia. En la hornacina se representa el bautismo de la reina Lupa por Santiago el Mayor, escena que evoca la evangelización de estas tierras por el Apóstol.

   En las inmediaciones, a un kilómetro de distancia, el peregrino puede hacer una pausa y descansar en el Santiaguiño do Monte, lugar que posee un bello mirador, una capilla dedicada a Santiago y un altar con la imagen de Santiago en unas rocas donde, según piadosa tradición, había predicado el hijo de Zebedeo y Salome.

   De camino hacia Iria Flavia, la ruta deja atrás el casco histórico de Padrón. Uno de sus edificios civiles más notables es el palacio del Obispo de Quito, situado en la rúa Dolores; es obra barroca encargada en 1666 al arquitecto Melchor de Velasco por Don Alonso de la Peña y Montenegro, obispo de Quito y virrey del Perú.

   Solo dos kilómetros restan para Ilegar a la colegiata de Iria, rodeada por el emotivo cementerio de Adina, cantado en una composición de Rosalía de Castro, cuyos restos acogió la húmeda tierra iriense a su muerte en 1885, antes de reposar definitivamente en el compostelano Panteón de Gallegos Ilustres de San Domingo de Bonaval.

   La colegiata de Santa María de Iria evidencia también la devoción mariana en el Camino Portugués. Es de origen altomedieval -todavía pueden verse en su entorno varios sarcófagos del siglo VI- y fue construida bajo advocación de Santa Eulalia. Almanzor dañó este primer templo en 997. En el siglo XI fue reconstruido varias veces por los obispos Cresconio -quien cambió su advocación por la de Santa María- y Diego Peláez, promotor de la catedral románica de Santiago.

   Gelmírez restauró su esplendor en el siglo XII, dándole la categoría de colegiata y nombrando a un cabildo de doce canónigos y un prior. En el siglo XIII el templo fue reconstruido con plan basilical de tres naves y tres ábsides. De la época medieval conserva la portada occidental, labrada a principios del siglo XIV. En el tímpano se representa la Epifanía.

   En época barroca se transforma toda la obra. En 1666 el obispo de Quito encargó al arquitecto Melchor de Velasco la capilla de San Ildefonso. Concebida como capilla funeraria de orden dórico, destaca su cúpula y la estatua funeraria del fundador, en actitud orante hacia el retablo, ambas obras de Mateo de Prado. Al otro lado del crucero se construyó la capilla del Sagrario, dedicada a la Virgen de Belén, también cupulada y de plan central. Entre 1708 - 14 fue reedificada la colegiata por mandato del arzobispo Monroy, conservando las capillas antes citadas. El maestro Pedro García se encargó del proyecto, manteniendo la planta basilical de tres naves separadas por pilares, crucero con resalte y capilla mayor rectangular, presidida por un retablo de 1714 de Miguel de Romay. En el exterior destacan las torres de remates piramidales.

   Frente a la fachada de la colegiata se sitúan las casas de los canónigos, actualmente ocupadas en buena medida por la sede de la Fundación Camilo José Cela, ilustre escritor padronés, Premio Nóbel de Literatura.

 
 
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